Añoraba

Añoraba el mundo que había pergeñado en su mente. Ahora era imposible llegar a él, porque había visto la verdad. Como una barrera sin puerta, la realidad había convertido el universo imaginado en extraña fantasía. Se peinaba ante el espejo, miraba las plantas a través de la ventana y se buscaba en el pétalo de una flor de aquel jardín inexplorado.

Sí, allí estaba ella. Se había encontrado al fin. Suspiró aliviada y se concentró en el rojo de entre los blancos, amarillos, rosados y naranjas. Una ráfaga de aire repentino agitó el macizo y se la llevó. Ya no volvió a preguntarse nada.

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