Sociedad

Sé que algunos piensan que soy una chica bastante rara, pero lo que imaginan no conforma ni el diez por ciento de la realidad. No he tenido más remedio que ocultar ciertas aficiones no demasiado populares entre mis congéneres de la raza humana. Algunas de mis excentricidades, hechas públicas, me impedirían ganarme el sustento o tener un techo bajo el que cobijarme. Suelo, por ejemplo, leer libros, que ya es raro de por sí. La temática religiosa de las publicaciones añadida al hecho de mi ateísmo convencido, aumentan mis posibilidades de decir algo inapropiado sea cual sea el colectivo oyente. Sin embargo, hay otros elementos de mi personalidad que puedo manifestar con total libertad sin problemas. Tal es el caso de las sonrisas falsas o las adulaciones imposibles que, al parecer, son plenamente aceptadas por la sociedad.

Mira que es fácil esto de la inteligencia emocional…

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