Deseos

¿Se puede elegir lo que se desea? ¿O lo que se desea te elige a ti? En esto pensaba Hermes cuando Sandra asomó por la puerta. Recordó las famosas plantas del emperador Yao que se inclinaban cuando entraba en la estancia un hipócrita adulador. Aquello no era más que una leyenda, un cuento chino podría decirse en propiedad, sin embargo le pareció que la flor de pascua hacía un ligero movimiento descendente. Sandra empezó a parlotear de mil tonterías, sin dejar de manifestar sinuosamente lo mucho que sabía de todo. Deseó que explotara a base de donuts y patatas fritas, dieta a la que era tan aficionada. ¿Por qué deseaba algo tan improbable? ¿Cómo se vería su deseo satisfecho? Quizá no necesitara la explosión en si misma, puede que con que aumentara veinte kilos más en un mes, aquel repentino capricho desapareciera de inmediato. Es más, si Sandra realmente llegara a explotar a base de colesterol envasado y Hermes no llegara a verlo nunca (por ejemplo, ella podría trasladarse a otra ciudad o él mismo cambiar de trabajo), su deseo se vería cumplido sin que éste le otorgara la satisfacción anhelada.

Los deseos, y su satisfacción, son difíciles de entender . Todo sería más facil si supiera elegirlos bien…

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2 comentarios

  1. Saliendome un poco del enfoque literario, una vez leí que estaban haciendo un estudio cientifico para responder a la pregunta de si hacemos lo que queremos o queremos lo que hacemos. Iban a medir el tiempo que transcurría entre que el cerebro emitía la información y el cuerpo la ejecutaba. Si el tiempo era demasiado pequeño como para que la información hubiera podido llegar, realmente queríamos lo que hacíamos.

  2. Hola Prazsky, la naturaleza del deseo es compleja. Es posible que ese estudio científico sea muy acertado. Lacan afirma que los objetos del deseo preceden a cualquier encuadramiento sociocultural del sujeto. Eso quiere decir que para su construcción no es decisiva una forma de conocimiento legado, como lo son las estructuras sociales y culturales de nuestro cerebro. Son esas estructuras externas alojadas en la mente las que necesitan cierto tiempo para ser procesadas. Por tanto, cuanto menor es el tiempo de reacción, más “puro” es el deseo.

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