Elizabeth I

Me llamo Elizabeth y soy la hija ilegítima del gran alquimista y médium Edward Kelley. Desde que tengo memoria, recuerdo haber intentado convencer a todos de que fui hija de mi padre, no el séptimo vástago de un boticario de Praga. Antes de que mi padre muriera precipitándose al vacío en su intento de huída del castillo de Purglitz, me mostró todos los recovecos de la Cábala y el secreto de los polvos de proyección. Viví escondida en la torre de casa del Asno en la Cuna hasta mi muerte. Sigo insistiendo en demostrar, tanto mi ascendencia como mis conocimientos. De hecho, hace unas semanas, me manifesté en una sesión de Ouija que celebraban unos jóvenes en la ciudad mexicana de Zapopan. Les expliqué, paso por paso, cómo una gota de aceite color carmesí vertida sobre medio kilo de mercurio se transmuta en oro. Ahora los muchachos están ingresados en una clínica donde los atiborran de pastillas. No les dejan salir. Yo continúo visitándoles, les tranquilizo, les doy ánimos. “No eres real, ¡no eres real!”, es todo lo que aciertan a decir. La cuestión se resolvería si creyeran en mí, si siguieran mis instrucciones. No pienso cejar en mi empeño.

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11 comentarios

  1. Déjalos que lo sigan intentando por sí solos. O quizá hasta se les han quitado ya las ganas de intentarlo…
    🙂
    Cómo me gustan tus cuentos.
    Enhorabuena por ellos.

  2. Sencillamente brillante..!

    Un trasfondo, una historia y mucho que imaginar, dinamico, poco extenso. Un lector no podría pedir nada mas.

  3. Botón, le diré a Elizabeth cuando me la encuentre en sueños que deje a los chicos tranquilos. No se si me hará caso, se siente muy incomprendida. Cuando le digo que yo la creo, ella me responde que mi opinión no cuenta (¡¿?!)

    JUJE, muchas gracias. Me he puesto roja como un tomate, una manzana, una puesta de sol, como el cañón del colorado, el carmín de los labios, el mojo y la bandera de Japón, todos juntos.

    🙂

  4. Jajaja!! Merecidas!!!

    Nos estamos viendo…Yo sigo mirando tu pagina…

  5. Elizabeth, estoy intentando conseguir ese oro, pero creo que no pongo todo el empeño necesario para que se produzca el prodigio. Me gustó mucho amiga. Un saludote.

  6. Elizabeth, estoy intentando conseguir ese oro, pero creo que no pongo todo el empeño necesario para que se produzca el prodigio. Me gustó mucho amiga. Un saludote.

  7. Yo tampoco lo he logrado. Tengo problemas para conseguir el metal. Las mafias rusas te venden plutonio y uranio a muy buen precio, pero lo del mercurio está fatal…

    Gracias 🙂

  8. Los medievales nunca entenderán la cultura del SXXI como nosotros nunca entederemos qué sentía al ver la catedrales góticas elevadas decenas de metros hasta una aguja.

  9. Soy Jonh Dee, un viejo amigo de tu padre y sé que eres su hija. Me lo contó muchas veces, a lo largo de nuestros viajes comunes por Bohemia. Sentía haberte dejado sola con aquel ignorante que se hacía pasar por tu padre.
    Tuvo que abandonarte muy a su pesar. Y puedo jurar sobre la memoria de mi propio padre que a veces dudaba en abandonar sus estudios por ir a rescatarte. ¡Imagina el cuadro de dos hombres adultos paseando por Trebon con una niña pequeña a la que era todo mocos! Aun así, y a sabiendas de que nuestras vidas eran todo menos ejemplares, sé que le hubiera gustado verte crecer, que en la cárcel de el traidor aprendiz de alquimista Rodolfo II sólo pensaba en dos cosas: en ti y en escaparse por verte una vez más.
    No creas que murió cayéndose desde ese caballo ni que se se suicidó envenenándose en la prisión de Most. Es que consiguió una última trasmutación que lo llevó a un tiempo futuro. He estado buscándole desde entonces, pero ahora que sé que sigues viva y que no le has olvidado redoblaré esfuerzos por encontrarle, para poder pasear por Praga juntos y demostrale al mundo que ninguno de los tres estuvo nunca equivocado

  10. Hola Eliseo, ¿podrías hacerle llegar a John Dee una carta de Elizabeth? Ha conseguido articular algunas palabras después del shock. Gracias por anticipado.

  11. […] en la Red buscando cuentos e historias un 27 de febrero. Reconozco que cuando oí la historia de Elizabeth ya no pude dejarlo. Así que me hice pasar por John Dee para saludar. Como me encantan sus […]

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