Liberación

El exhibicionismo masculino está mal visto. Sin embargo, las féminas suelen mostrar sus encantos sin pudor, hete un escote por allí o una minifalda por allá. Ante semejante desatino en una sociedad a la que todos ansiamos igualitaria, decidí entrar en guerra por mi cuenta. Mi ataque consistió en una única batalla cuyo final podría calificarse de esplendoroso: vencí.

Tuvo lugar en mayo de 2003, fecha en la que fui invitado al XIV Congreso Meteorológico Mundial en Ginebra. Esa fue la ocasión elegida para iniciar mi ofensiva. Sería la primera piedra de la catedral erigida como emblema para acabar de una vez por todas con la discriminación sexual a la que los hombres hemos estado siempre sometidos.

The state of climate in Spain: data and monitoring resources”, ese era el título de mi disertación. Para el evento, me decanté por una elegante chaqueta azul oscuro de Armani, a juego con la camisa de seda y una llamativa corbata color fucsia. Sustituí el pantalón del traje por unas mallas color marengo que ponían de relieve, y nunca mejor dicho, mis abundantes atributos masculinos. Me dejé el último botón de la chaqueta desabrochado. En materia de seducción lo importante no es ser explícito, sino sutil, dejar entrever, un sí pero no… ahí está la clave. He de reconocer que me sorprendió no recibir ni un solo comentario sobre mi atuendo, pensé que los suizos gozaban de una mentalidad más avanzada en cuestiones eróticas.

Tenía previsto estar una semana en el Congreso, pero el tercer día se presentó mi mujer en el hotel. Iba acompañada de Torcuato, el médico de la familia. Los recibí con el albornoz entreabierto y ligeramente echado hacia atrás, tal y como las geishas usan sus kimonos. Pienso que la nuca y los hombros se deleitan en una clase sensualidad tan especial que sería absurdo buscar motivos para la ocultación.

Se percataron de mi transformación libertaria de inmediato porque a ambos se les llenaron los ojos de lágrimas y me abrazaron con voluptuosidad. No satisfechos con eso, me rogaron que les acompañara de nuevo a España. A tan altas cotas he llevado el arte de la seducción masculina que mi familia y amigos ya no me dejan salir de casa, sin duda empantanados en las cenagosas aguas de los celos. Creo que mi esposa destruye las invitaciones a las conferencias mundiales y congresos internacionales a los que solía asistir, no he vuelto a recibir ninguna.

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3 comentarios

  1. JAja Brillante e ingeniosa.

    La seduccion del que se sabe seductor.

    MUY bueno

  2. ay, ay, que me temo que las mentes ponderadas cambiaron su sugerente atuendo por otro indeseable…

    Es genial, sonámbula. Como nos tienes acostumbrados.
    Un abrazo

  3. Juje, sin duda él está convencido de su tremendo poder, la autoestima también tiene su lado oscuro.
    Boton, hay que decir que de cintura para arriba lucía muy elegante…
    😉

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