La Niña Sombra

Él me encerró en el dormitorio hace tanto tiempo que ya no recuerdo mi pasado antes de estar aquí. Durante los primeros años disfrutaba de la compañía de la esposa del dueño de la casa. Quizá disfrutar no sea la palabra más adecuada, ya que ella solo lloraba. Silenciosa me miraba como buscando en mí una respuesta. Desde que se marchó no ha habido más lágrimas en esta habitación. Ni siquiera las mías.

Después se sucedió un periodo de soledad en el que mi único divertimento era observar las moscas y contar todos los segundos de la luz del sol y de la luz de la luna. Durante la aurora y el ocaso no tenía nada que hacer, salvo que entrara algún insecto aventurero. Más tarde, él comenzó a venir por las noches, siempre acompañado de mujeres. Rubias, castañas, altas, bajas, delgadas, rollizas, tímidas o libertinas, todas le servían.

Durante esas noches la luz de la lámpara permanecía encendida. Por eso, en lugar de contar segundos, clasificaba gemidos, posturas, sudores, piernas, brazos, besos, cópulas e inagotables caricias. Para algunas de estas mujeres mi presencia era un aliciente. Se colocaban ante mi con sus sexos abiertos, flores carnívoras de pétalos hambrientos.

Pasados tres días del invierno llegó la “Niña Sombra” como yo la llamaba. Venía justo antes de que muriera el atardecer. Por eso podía ver durante unos instantes su pelo de noche sin estrellas derramado sobre la almohada. Casi no podía distinguir entre el contorno de su pálida piel y el color de las sábanas. Dieciséis años, diecisiete, como mucho. Su voz era el rumor de un río profundo. Luego llegaba la oscuridad y ella no quería prender la luz, decía que le daba vergüenza.

La Niña Sombra pasó muchas noches cerca de mí, pero aún más cerca de él. Para él eran sus murmullos, sus caricias, sus sílabas de amor que yo apenas podía entender. Reían a escondidas, muy juntos. Me alcanzaba su olor de mujer, el aroma de la tierra mojada en un país habitado por sonámbulos. Nunca me tocaba. Jamás me miraba. Y yo me moría. Tenía la sensación de estar a punto de resquebrajarme. “¡Mírame Niña Sombra, mírame y sabrás la verdad! Yo te la enseñaré. En mí podrás ver toda tu belleza, la que se esconde detrás de tus pupilas, la que buscas en él, la que no encontrarás. Tómate tu tiempo y mírame desnuda, en soledad”.

Llegó al dormitorio una tarde en la que el aire plomizo empastaba los pulmones. Él estaba echado sobre la cama, medio inconsciente, embargado en un sopor despreocupado y vacío. La Niña Sombra tenía la sombra incrustada en su ceño fruncido. Lágrimas de rabia amenazaban con derramarse y una gota de sangre descendió de su puño cerrado hasta el suelo. Había belleza en el contraste de ese minúsculo punto rojo y el desvaído gris de la losa. La conversación ocupó el lugar silencio, que se escabulló por debajo de la puerta, tal vez al presagiar el desastre:

-¿Me quieres?

-No seas pesada, niña. Ya hemos hablado de eso. No estoy preparado para un compromiso. Lo pasé muy mal con mi mujer y ahora…

-Y ahora yo no puedo dejar de pensar en ti.

-Yo tampoco… –por lo bajo… yo tampoco puedo dejar de pensar en mí.

-¿Qué has dicho?

-Nada…

-¿Me tomas a broma?

-¡Ya está bien! Tengo un mal día, problemas en el trabajo, ya sabes. Mira, vete a casa y descansa. Estás muy nerviosa.

Sonó el teléfono. Se oía con nitidez una voz femenina al otro lado. Él se volvió de espaldas y murmuró unas cuantas excusas. La Niña Sombra tomó entre sus dedos una figura de bronce. Se acercó a él por detrás, alzó la mano… “Mátalo, mátalo” gritaba yo. Pero, en lugar de eso, se giró hacia mí y me miró, por primera y última vez. Vi una sombra llena de odio profundo, un agujero de tristeza infinita. Después, un estrépito. Me desmoroné hecho añicos. En el suelo, cada uno de mis fragmentos reflejaba un pedacito de techo. Un trozo de mi cuerpo sin alma cayó sobre la sangre de la Niña Sombra. Al fin pude tocarla, de algún modo.

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11 comentarios

  1. brillante historia.
    no hay mas que decir
    me has dejado con los ojos abiertos
    de admiracion

  2. ¿Qué sonámbulos hados, inspiran tu creación?
    Pareciera que la palabra se te ofrece, que se pliega a tus dedos, que se complace en ser modelada por ti.

    Coincido con juje. Tu creación brilla.
    Te envío un abrazo

  3. Yo creía que la niña sombra no podía(quería) amar

  4. Buenisimo… me encantan los finales sangrientos. Aunque te habrás dado cuenta de eso si leiste alguno de mis escritos :).

    Gracias por pasar por mi casa. Las puertas estan abiertas siempre para vos.

    Saludos.

  5. Me resultas inquietante, sonámbula. Bien 🙂

  6. Anoche soñe con la Niña sombra, se habia sentada junto a mi niña de vestido azul.
    Me duele de la cabeza, no paraban de murmurar…

  7. Muchas gracias Boton. Me gusta que te guste porque se que eres la guardiana del tesoro de las palabras y éstas no tienen secretos para ti.

    Prazsky, creo que la niña sombra quería amar pero no se atrevió a ver su imagen reflejada en el espejo. Esta imagen le habría dicho muchas verdades, algunas hermosas y otras oscuras como ala de cuervo, como la vida, como nos pasa a todos.

    Poio, qué bien leerte de nuevo por aquí. La sangre tiene muchos significados, para mi tiene uno especial y aparentemente contradictorio. Yo creo que la sangre es la que sostiene y preserva la vida, y el mal, siendo enemigo de la vida, debe ser enemigo de la sangre…

    Nosurrender, si te dijera que Sonámbula es la mujer mas normal del mundo ¿me creerías?

    Juje, qué interesante :-))) ¿De qué hablarían? ¡Y a escondidas! Habría que curiosear ¿no crees? El que oculta es porque encierra información valiosa. Miremos de frente a ese espejo.

  8. No

  9. En una ocasión, un monje preguntó al maestro Joshu: ¿Tiene un perro la naturaleza de Buda o no la tiene? Joshu respondió:

    ¡Mu!

  10. Qué buen relato. Tienes una imaginación aplastante. Me ha gustado mucho. Con mucha calidad. Un abrazo

  11. mmm usted llega al significado de los koans.
    Estoy segura.
    🙂

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