El pequeño Michel

Un cínico es un hombre que, en cuanto huele flores, busca un ataúd alrededor. Este pensamiento de Mencken encaja a la perfección con el pequeño Michel. Él siempre estuvo convencido de que el mundo le debía algo. Al no dárselo, optó por seguir la estrategia de la zorra: las uvas están verdes. Y así, del mismo modo que existe el mutismo selectivo, Michel optó por una ceguera parcial en la que dejó de ver flores para percibir únicamente ataúdes.

El pequeño Michel quería encontrar nada más y nada menos que el “amor”. Como buen empírico, pensaba que lo que sabemos del mundo nos llega del conocimiento sensible y se circunscribe únicamente al ámbito de la experiencia. Para poder creer en la existencia de cualquier cosa, su mente atribuía dos cualidades a las sensaciones: la constancia y la coherencia, que servían para presentar el mundo como algo real y duradero. ¿Es de extrañar que el pequeño Michel no encontrara estos dos atributos en el amor? ¿Es posible no ser otra cosa que un cínico, cuando en tu fuero interno tienes la certeza de que lo que más deseas en este mundo simplemente no existe?… Y ahí se quedó. Pues que se quede. Yo, como otros muchos hombres y mujeres anónimos a lo largo de la historia, continuo caminado. Delante hay una pared, aún así, sigo.

Me atreveré ahora con algo muy arriesgado, un salto mortal sin red, un pecado para los realistas, un insulto para los escépticos, un agravio para la humanidad coherente, una insensatez para los intelectuales, un dislate (¿se ha vuelto loca?), una barbaridad, un desatino, un desvarío. Voy directa hacia un muro:

“El amor existe”

Se qué es y dónde está. Se cómo llegar hasta él. Le he visto y él me ha visto. Nos hemos tocado. Es esquivo y exigente, mucho, pero está al alcance de “todo”. Porque no es humano.

En realidad es… No, me reservaré el secreto y que cada uno haga sus propias indagaciones. Es lo mejor. Eso sí, conviene olvidarse del empirismo y abrir el espíritu hacia dimensiones nuevas. A los que les requiera un esfuerzo superior a sus facultades pueden quedarse con el pequeño Michel. Al resto, feliz viaje -o infeliz, pues el amor no entiende de estas diminutas distinciones humanas- y suerte.

***

(Me despido, por unos instantes, en ruta por un universo invertido que huele a melocotones frescos, o mordiéndote un dedo, como prefieras)

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10 comentarios

  1. 🙂 Es usted genial, inquietante Sonámbula.

    Genial. Brindo por usted hasta la ebriedad 🙂

  2. “Se qué es y dónde está. Se cómo llegar hasta él. Le he visto y él me ha visto. Nos hemos tocado. Es esquivo y exigente, mucho, pero está al alcance de “todo”. Porque no es humano”.
    Esto que decís es luminoso y consolador.
    Los pequeños Michaeles abundan. Que se cocinen en su vino.

    Brindo con NoSurrender.

  3. Como haces para oler las flores pero entender perfecto a quien no las conoce siquiera
    Me ha encantado este
    me ha dejado pensando en las visiones de michel y algunas veces las mias.

    me acomplo al brindis por ti querida amiga.

  4. Es cierto, el amor existe. Cualquiera que haya estado enamorado lo puede asegurar. Pero no se si es lo mejor… tal vez otros hayan tenido mejor suerte que yo 😦

    Y prefiero que me muerdas el dedo… no me gustan los melocotones 😛

    Saludos… brindo hasta la “ebrietud” por los amores pasados y los venideros. Y por el pequeño Michel también, ya que estamos.

  5. …pero que muro tan deseable 🙂

  6. uffffff querida sonámbula
    ¿qué decir?
    ¡es magnífico!
    ¿quién es sonámbula, que aúna drama, filosofía, poesía, intriga,… corazón… de tan bella forma?

    Disfruta mucho del aroma a melocotones
    🙂
    ¡Un beso”

    Ah! y… aunque Michel lo someta (al amor) a la duda metódica, tendrá que rendirse a la evidencia y aceptarlo como una verdad clara y distinta.
    🙂

  7. NoSurrender, después de tu invitación a Baco, combinada con mi invocación a Eros, andamos todos amorosamente embriagados 🙂

    Arcángel Mirón, luminoso y consolador es el efecto que se manifiesta cuando algún diosecillo travieso se pasea por nuestra alma.

    Juje, es bueno conocer el otro lado del espejo, aunque sea sombrío. Por otra parte, tu visión se parece poco a la del pequeño Michel, afortunadamente para ti y para todos los que tenemos la suerte de leerte. Brindo por ti 🙂

    Poio, amor y felicidad no son sinónimos, está claro. Eso lo hace imprevisible y le aporta infinitas posibilidades. Mordiéndote un dedo… 😉

    BurocraciaNeuronal, bendito muro:
    “Si fuera verdad
    que el amor es siempre
    como el morir,
    yo me hubiera muerto
    un millar de veces.”
    Un poeta del Manyôshû dijo esto en Japón, allá por el año 700…

    Botón, ¿quién es Sonámbula? Te digo lo mismo que Sei Shônagon que, cuando alguien fue a visitarla, le contestó con este poema:
    “A mis visitantes
    nunca les respondo
    que estoy en casa
    porque no estoy cierta
    de si yo soy yo.”
    Un beso enorme 🙂

  8. El amor es tan real como el dolor , la irritabilidad, la alegría, la ira, la pasión, la ternura, el egoismo…..que produce en los pobres mortales…

    saludosssssss

  9. Vele, inquietante sonámbula; no moriremos, pero, pero, pero ¡no te enamores 1.000 veces, que es agotador!

    te regalo otro haiku:

    ¿Cayeron todas
    las gotas del rocio?
    No, queda una.

    (sigo bebiendo por ti)

  10. Exactamente Carolina, ¡pobres, sufridos y, también a ratos, dichosos mortales! 😉

    NoSurrender ¿el haiku es tuyo? Es muy lindo. 1.000 veces son muchas para un mortal y muy pocas para los dáimones que nos visitan cada día 🙂

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