Curiosità (2ª parte)

Se cerró en lluvia. Durante las últimas semanas la humedad se había cebado en la atmósfera y, por ende, en los cuerpos, las paredes, las ropas y las vidas. La saturación del ambiente conllevaba el andar cansino de los animales y el sopor de la gente iba en aumento. Del ocaso llegaban nubes plomizas, a su pesadez amenazante se le sumaba un intenso aparato eléctrico que se desfogaba bien entrada la noche. El olor de los jazmines se había tornado nauseabundo en casa de Carlos e Inés.

En aquellos días, Carlos no tenía que hacer ningún esfuerzo por despertarse para espiar a su amada, a las tres y diez de la madrugada abría los ojos sin remedio. La sonámbula se dedicaba ahora a otros menesteres noctívagos. A través de un teléfono inexistente mantenía largas conversaciones con un misterioso interlocutor. “Lo haré, lo haré…” decía. Otras noches Carlos la sorprendía detenida ante la pared de la habitación, como si mirara con sus ojos entreabiertos muy lejos, hacia un horizonte situado a veinte centímetros.

¿Es normal sentir miedo de alguien a quien amas? ¿No era Inés una muchacha dulce y tranquila? “No, no” se decía Carlos, “es esta maldita humedad, es ese fétido olor, es la electricidad estática, es la falta de sueño, es… Pero ¿qué es lo que dice que hará? ¿con quién habla? ”. Debía desembarazarse de aquellos estúpidos pensamientos. La química le ayudó, un cóctel de analgésicos para el dolor de cabeza y somníferos para conciliar el sueño hizo que las siete noches siguientes durmiera sin interrupciones. No obstante, era inevitable que a la mañana siguiente elucubrara sobre lo que Inés habría hecho esa noche. Tenía la sensación de estar perdiéndose acontecimientos de una importancia vital. “La curiosidad otra vez”, pensó. “Esta noche no habrá pastillas.”

Eran las tres y diez e Inés no estaba en su cama. Ni en la habitación. Salió descalzo en su busca. El sigilo propio de un gato que utilizó le hizo sentirse ridículo. Más parecía un hombre intentando sorprender a un intruso que un marido voyeur regodeándose impune ante la durmiente inocencia de su esposa. Él era el curioso, el fisgón de sus sueños, mientras que “el otro” la acompañaba, le hablaba, la obligaba a afirmar “Si, lo haré, lo haré…” Se odiaba a si mismo cuando penetró en la cocina. La sonámbula estaba descalza, una delicada estatua de mármol blanco, el pelo negro inerme sobre su espalda, los ojos serenos, medio cerrados, una leve sonrisa en sus labios, la mano derecha lacia sobre el costado, la mano izquierda despiadadamente agarrotada, apretando con furia un cuchillo.

A penas pudo moverse, el sudor helado había escarchado sus músculos, sin embargo, notaba sus huesos blandos. “Inés… Inés… ¡Inés!”. No le oyó, ni le miró. No despertó. Sólo su garganta comenzó a convulsionarse despacio. ¿Se ahogaba? No, Inés se reía. Pasos hacia atrás, traspiés, carrera en la oscuridad de la casa, Carlos necesitaba aire. Salió al exterior buscando el oxígeno que la sonrisa gutural de Inés le había arrebatado. Tomó una gigantesca bocanada de aire y aspiró el hedor insoportable y pútrido de los jazmines. Quedó en el suelo como un pez en tierra, indefenso, asfixiado y mojado.

***

Le había jurado amarla siempre, pasara lo que pasara y seguía dispuesto a ello. Pero tenía que saber, tenía que ayudar a Inés, conocer su pasado, y quizás su presente. ¿Era un miserable por intentar hurgar en los sueños de su mujer, un cobarde por tener miedo de un ser cándido, un curioso impenitente y sórdido? Todo eso se preguntó al amanecer. Giró la cabeza en la almohada y vio a Inés, su mano bajo la mejilla, las pestañas negras como hilos tejidos de noche, la boca humedecida despedía de forma casi imperceptible la marea que subía y bajaba desde su vientre. De estatura pequeña y cuerpo delicado, se asemejaba a un pajarillo. “Mi pajarillo sonámbulo. Mañana mismo iré a ver a tu familia. Ellos podrán auxiliarme en mi locura, sacarme de esta vigilia sofocante. Quiero saber para poder dormir en paz, como tu”.

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4 comentarios

  1. Inicio y “nudo” adictivos, querida sonámbula.
    Espero impaciente el desenlace, que intuyo sorpresivo e inesperado ayyyyyyy
    🙂

  2. La curiosidad mató. Literal.

  3. espero que pronto sea mañana y podamos leer mas.

  4. El relato va in crescendo. La verdad es que tengo una curiosidad increible por ver como acaba esto.

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