Curiosità (fin)

No sacó nada en claro de la conversación con sus suegros, es más, ocurrió que aumentaron sus tribulaciones. Cuando Inés tenía 14 años, sus verdaderos padres murieron en un incendio. Los Guzmán, vecinos de la familia, la acogieron en su casa desde entonces. Se extrañó de que su mujer se hubiera reservado un dato tan importante y, sobre todo, del mutismo con el que sus suegros trataban el tema. Acribillados a preguntas pusieron fin a la conversación con un tajante “¿Estás insinuando que Inés puede ser peligrosa?”. Entre culpable y decepcionado abandonó las pesquisas y se dispuso a volver su casa. Su casa, la “casa de los jazmines”, como la llamaban en el barrio. Carlos con su sueldo no podría haber adquirido el inmueble, la recibió en herencia de su madre y ésta de su abuela, cuando quedó viuda de un rico comerciante de la ciudad.

Inés continuaba con sus excursiones nocturnas a la cocina y al resto de la casa. Cuchillos, tenedores, destornilladores, tijeras, cerillas… todo lo agarraba, con todo jugaba. Ahora no le parecía tan raro aquel incendio que la dejó huérfana. A penas dormía vigilando los movimientos de su mujer. Cuando la sorprendía aferrada a algún objeto con su rígida lividez, la conducía con suavidad hasta la cama y se lo sacaba de entre los dedos, las más de las veces con mucha dificultad. Lo peor quedaba aún por llegar. Inés abandonó su costumbre de coleccionar objetos punzantes e instrumentos para hacer fuego, para pasarse a las almohadas, mucho más inofensivas si no fuera porque le dio por apoyarlas sobre su cara mientras dormía. A estas alturas Carlos pensaba que Inés, después de narcotizarlo de algún modo que se le escapaba, lo asesinaría, y que su supuesto sonambulismo era puro cuento.

Una noche, a las tres y diez, tras abrir los ojos Carlos vio a Inés a través de la luz de la luna, sonreía y decía “lo haré, lo haré...” al tiempo que dirigía las manos a su cuello. Tomó la lámpara de la mesilla de noche y golpeó con ella la cabeza de su esposa que se desplomó de inmediato, dejando caer de entre sus dedos la guirnalda de jazmines que había confeccionado a modo de collar para él.

Intento de asesinato. Inés salvó la vida y se llevó consigo para siempre una cicatriz. A Carlos le cayeron treinta y dos años. Antes de quitarse la vida, desde la cárcel le remitía cartas implorando su perdón. Inés sólo le contestó una vez con una escueta nota que decía: “Yo te dije, “pase lo que pase”, y tu me respondiste que si.”

***

Vi el anuncio de la venta de la “casa de los jazmines” hace unos meses y no me pude resistir. La he comprado a pesar de la historia que me han contado los vecinos, a pesar de que este cuento ya circulaba de boca en boca en tiempos de la abuela de Carlos, y a pesar de que yo también soy sonámbula.

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13 comentarios

  1. Y con esto acaba la historia de “Curiosità”. Espero que os haya entretenido. Gracias por vuestros mensajes en los posts anteriores.
    🙂

  2. mmm será un secreto entre nosotros.
    No te preocupes, no contaremos nada a tus posibles Carlos.
    Pacto de silencio.
    🙂
    Sí, sí que ha sido un final sorprendente…
    aunque… en realidad… no existe un final para la casa de los jazmines…

    Un beso!

  3. Recordaré los Jazmines…!

    Excelente cuento! Muy bueno niña!!!! Muy bueno.

  4. Cada vez que huela jazmines me voy a acordar de este relato…

  5. buenisismo final… es que tenes que entender, las sonambulas ponen nervioso la marido mas enamorado.

    sevemos.

  6. Shhh!! No la despiertes!!

    me encantó el cuento

    Un abrazo

    A.-

  7. para mí fue defensa propia, odio los jazmines, me empalaga su olor y me embota la cabeza como si alguien hubiera usado un mazo blando para golpearme las sienes. ¡¡Y me he pasado dos días leyendo un cuento con jazmín al fondo!!

    (Hasta que no arranques los jazmines, no pienso ir a visitarte a casa, he dicho)

    un saludo

  8. Botón, mis carlos jamás lo sabrán, a no ser que se despierten a las tres y diez… 😉

    Juje, muchas gracias, me alegra que te guste :-))))

    Arcángel, los olores pueden inspirar infinitas historias, o rememorar hechos reales… 😉

    Poio, es verdad que era como para poner nervioso a cualquiera. Carlos lo intentó pero finalmente sucumbió a su propia curiosidad. De ahí a la desconfianza y al temor sólo había un pequeño paso.

    Hola Andy, bienvenid@ a mi casa. Espero que deambules por aquí a menudo sin temor de las sonámbulas. Escucharé con atención tus murmullos… Gracias por venir.

    ¡Eliseo! ¡pero si huelen de maravilla! “Huelen igual que antes” 😉 ¿Te estará pasando como a Carlos? Dime la flor que te gusta para ponerlas en tu habitación :-))) No los arrancaré pero hablaré con los jazmines para que se duerman cuando tu llegues.

  9. Muy buen relato. Creas tensión que te lleva a seguir leyendo hasta el final. Me gustó mucho. Me gusta mucho tu manera de escribir, y tu concepto del relato. Un placer

  10. Pensándolo bien, no es malo lo de tener una mujer sonambula. Nos podemos acostar juntos a las cuatro de la mañana cuando llego del boliche 😛

    Por cierto… pobre Carlos… 32 años!!! Se la debo.

    sevemos

    PD: dejé una especie de post interactivo en mi casa y me gustaría que participes. eso nomás.

  11. Desegundos, aprecio sinceramente tu comentario pues para mi eres un maestro del relato… muchas gracias! 🙂

    Poiooooooo! allá voy!

  12. Inquietante sonámbula, te felicito. Gracias por el relato.

  13. Gracias a ti por leerlo, NoSurrender 🙂

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