Talismán

Resuena el aire del otoño entre las cañas. Aprieto el paso que me lleva al recodo del río, antes de que la luna monte guardia. Me encuentro en la vereda que conduce al refugio. Lo que fuera puerta, cuando tú y yo nos escondíamos para hacer el amor sobre la alfombra de esparto, es hoy la herida abierta de cuatro paredes desvencijadas. La única ventana perdió los cristales a través de los cuales veíamos el mundo.

Busco la alfombra. Está aquí, en el suelo, junto a las hierbas que el tiempo ha traído a lo largo de miles de instantes. Anocheció hace muchos años, eso ya no me inquieta. Por eso arrastro los restos de la estera de esparto hacia la entrada del refugio y me siento bajo la luz de la noche. Escucho el murmurar del río, oigo hablar a los grillos, percibo el susurro de las ramas. Estoy bajo la sombra de los árboles, ocultando mi nimiedad. Es curioso que en el lugar del olvido reine el recuerdo. Él me cierra los ojos con sus dedos indiferentes. Ahora puedo ver el callado reflejo del agua como testigo. El agua, la que todo lo sabe.

Hace frío, no me importa, quiero estar bajo la plateada claridad que viene desde lo alto, hasta que amanezca o me alumbren. Pienso en ti. Pienso en cómo los significados adquieren matices diversos según el momento y el lugar. Y es que una luciérnaga ilumina tanto como la Luna, y mis ojos brillan como dos luciérnagas.

Me duele la piel, me lastiman los silencios de mi hogar. Pero al terminar la noche he de llevarme unas hebras de este esparto conmigo. Será el talismán que guarde el olor de tu sudor y el mío. Me acompañarán, perennes, las noches de verano en el refugio.

 

 

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3 comentarios

  1. No se bien que decir. Salvo que entiendo cuando duele la dermis.

    AMiga, que cierto tu nombre “Aquella que brilla como una estrella”.

  2. Todo deja de ser.
    Menos el recuerdo vívido.
    Menos unos sencillos hilos de esparto que lo convocan.

    Que tengas un fin de semana feliz, querida sonámbula.
    🙂

  3. El pasado nos persigue a todos. Nos pisa los talones, nos echa el aliento en la coronilla, nos convoca con cosas nimias cuando pensábamos que ya se había olvidado de nosotros.

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